Remar: machismo, homofobia, explotación, impunidad

Cada vez que veo un nuevo local de Remar me estremezco. Me ha vuelto a pasar hace unos días, paseando por el centro de Madrid. Sus tiendas de segunda mano se siguen expandiendo. El líder de esta “ONG” dice cosas como ésta: “Sí es cierto que hay muchos más casos de padres que violan a sus hijas que de hijas que violan a sus padres, muchísimos más, pero también te diré que hay hijas que seducen a sus padres y luego dicen que ellos las han violado”. O ésta: “Es una tragedia, cada vez hay más homosexuales (…) La homosexualidad se extiende a una velocidad tremenda, porque son hiperactivos (…) y es que inician a otros jóvenes”. 

Son palabras de Miguel Díez. Fundó Remar hace 30 años en España y actualmente se ha extendido a 70 países de los cinco continentes. Es también el creador de la Iglesia Cuerpo de Cristo (tiene 80 templos en España) y su pastor principal. En sus predicaciones y escritos (entre ellos el libro Un Dios enamorado) difunde este tipo de ideas sobre las mujeres: “Pero cómo no va a haber mancillación, si tú mujer, vistes provocando, enseñando lo que no debes, tarde o temprano los hombres van a buscar cómo mancillarte”. “El hombre es siervo de Dios, la mujer es sierva del varón”. “El uso del preservativo priva a la mujer de la simiente masculina (…) necesaria para su fisiología”. “Es de vital importancia atar las bocas de las mujeres”. “Ha de ser sumisa, que quiere decir obediente, subordinada, dócil (…) Para tener una cobertura de protección y bendición de autoridad, todas las mujeres han de estar sujetas a varón, las casadas a sus maridos y las solteras a sus padres o a sus pastores”.

Añadiría los enlaces a los vídeos en los que el pastor principal difunde su doctrina, pero han desaparecido de YouTube.

El problema es que esta ideología machista y homófoba se expande en silencio, con total impunidad, sin ningún control. Remar ha recibido subvenciones de administraciones públicas (Comunidad de Madrid, Gobierno Vasco) y cesión de terreros de utilidad pública (como el caso del Ayuntamiento de Zaragoza).

Un colectivo de vecinos del barrio zaragozano Rosales del Canal se puso en contacto conmigo en 2013 porque no querían que se cedieran terrenos para construir un centro ‘socioeducativo’ de Remar. Habían constituido la Plataforma Rosales No Cede. Me fui a Zaragoza a hacer las entrevistas, vi la documentación que habían ofrecido a otros periodistas (entre ellos algún director de periódico) y que acababa sistemáticamente silenciada en un cajón. Empecé a entrevistar a víctimas de Remar. Horas y horas de charlas. Personas que habían estado ‘atrapadas’ dentro de la organización durante muchos años y que habían logrado salir (al entrar en Remar les aislan de su entorno, cortando los vínculos familiares y amistosos que puedan tener fuera). Fueron meses escalofriantes.

Finalmente publiqué un amplio reportaje (Remar: ¿ONG, secta o multinacional?) en la revista 21. Estamos hablando de explotación laboral, manipulación psicológica, irregularidades… Estamos hablando de muchas víctimas detrás. Gente que vive “dentro” y trabaja en los negocios de Remar gratuitamente en agradecimiento a la ayuda que le prestaron en un momento de vulnerabilidad y dificultades. Empecé ese reportaje con estas palabras: En algún cajón del Ministerio de Sanidad estará el informe Drogas y sectas que Pepe Rodríguez hizo en 1988. En él, el doctor en Psicología por la Universidad de Barcelona informaba sobre Remar (Rehabilitación de Marginados), entre otros grupos. “Tenía poca implantación, aunque ya se veía que no tenían la menor capacitación para ofrecer atención adecuada a toxicómanos y seropositivos que, como en el resto de grupos estudiados, eran objeto de un adoctrinamiento intenso y sectario y usados como mano de obra gratuita, la vía de enriquecimiento opaco de las cúpulas que los controlaban”. En el Ministerio de Sanidad no han podido localizarnos ese informe. Responden que “la Delegación del Gobierno para el Plan Nacional sobre Drogas no tiene ninguna relación con Remar, que no goza de reconocimiento como entidad de interés público pues sus solicitudes han sido rechazadas y su modelo de intervención no se considera idóneo”.

Según Pepe Rodríguez, la organización supo aprovechar bien “el sector de negocios basado en el sufrimiento ajeno y la hipocresía pública, a juzgar por su imperio actual”.

Desde Remar se autodefinen como ONG que atiende a los más desfavorecidos en muchos países, con 30.000 niños a su cargo, 44 colegios en el mundo y más de 200.000 toxicómanos atendidos en España. Las personas ayudadas por Remar que se quedan “dentro” viven en comunidad bajo las órdenes de un matrimonio responsable (el pastor y su mujer, normalmente) o bien separados por sexo. En la ficha de ingreso se renuncia a la remuneración por el trabajo voluntario. Me confirmaron en ese momento que 3.000 personas trabajan como voluntarias en los servicios y empresas que tiene Remar España “para autofinanciarse”: tiendas de ropa de segunda mano, mudanzas, tiendas Hiper Rastro de muebles, salones de eventos, hoteles, servicios de limpieza, librerías solidarias Los Olivos, productora audiovisual Visual777, Solidaria TV, RKM radio, transporte, granjas, talleres, lavado de coches, residencias de ancianos y la agencia de viajes a Tierra Santa Sefarad Israel. Muchos testimonios relataban que han trabajado durante años jornadas diarias sin estar dados de alta en la seguridad social.

La esposa del fundador de Remar, Mª Carmen Jiménez de Díez, dice en su libro En tus manos mujer: “He sentido el dolor terrible de muchas mujeres que han vivido (…) maridos borrachos, violentos, oprimidas por la mísera y sacando adelante a sus hijos con duro trabajo, manteniendo la familia gracias a su sacrificio (…), necesitamos mujeres con aquel talante, aquella valentía, mujeres que estén dispuestas al sacrificio para mantener la unidad de la  familia”.

Varias mujeres que han logrado salir de Remar me han confirmado en las entrevistas la discriminación de género que se sufre dentro. Laura estuvo 16 años dentro: “Cuando tenía 15 años Miguel Díez habló con mi padre para que yo dejara el instituto y llevarme con él a su finca de Alcalá de Henares (Madrid) para servir a la obra. Yo quería seguir estudiando, me dijo que estudiar es vanidad y que como mujer no lo iba a necesitar porque me iban a casar pronto y tendría que servir a mi marido e hijos. Ahora sé que es un maltrato psicológico, te inculcan que no vales nada”.

La experta en género Ana García Barbeito realizó un informe técnico en el que afirma que la base ideológica que subyace en los textos analizados de la asociación Remar se basa en la discriminación de género, que se traduce en violencia estructural: “No sólo insta a las mujeres a olvidarse de su propia vida sino que las impulsa para que aguanten situaciones de violencia explícita, adjudicándoles un rol que supone un detrimento de sus derechos y un daño psicológico, ya que quedan rebajadas a un papel secundario en la sociedad, sin poder desarrollarse íntegramente como personas”.

Estas ideas tienen repercusión en el comportamiento de las personas que se “adoctrinan” dentro de Remar. También respecto a los menores. Un informe de la organización de Derechos Humanos Human Rights Watch denunció el maltrato en los centros de internamiento de menores de Remar en Guatemala y recogió los testimonios de violencia que han sufrido los internos. El propio director de Remar Guatemala se justificaba diciendo: “En Remar creemos en la vara. Si un niño hace algo malo, le pegamos en el trasero, sólo un par de pequeños azotes. Eso con los pequeños. Con los niños mayores depende del tipo de delito. Si es grave, puede que tengamos que castigar físicamente al niño”. Uno de los menores relata: “Los españoles pegan duro. Rompieron diez palos de leña sobre nosotros”.

Buscando y buscando iban saliendo pequeñas noticias aisladas sobre Remar. En1998 dos centros de atención social (casas) de Arganda se cerraron por no tener licencia ni personal sanitario cualificado. En 2002 se cierra otro en Chinchón. A nivel internacional, ha habido también denuncias a Remar en Paraguay y Ecuador.

“Este tipo de organizaciones sabe camuflarse. Hacen congresos en grandes hoteles, la percepción de riesgo baja, se registran como asociación, dicen que son ONG, sobre el papel todo parece estar bien aunque dentro hay actividades dudosas”, me decía Miguel Perlado, presidente de la Asociación Iberoamericana para la Investigación del Abuso Psicológico. “En Remar hay características del funcionamiento sectario: suplantan una adicción por otra, moldean tu comportamiento, cierran tus puntos de contacto con familiares y amistades, hay dependencia hacia el grupo en detrimento de la persona, mecanismos de presión emocional, influencia excesiva: tu único mundo es Remar”. Cuando salen, tienen miedo a denunciar, piensan que nadie les va a creer. La mayoría quiere pasar página y olvidar. Hablé también con Faustino Marcen, dirigía la Comunidad Terapéutica El Frago (dependiente del Gobierno de Aragón): “Menos recursos públicos destinados a la atención de drogodependencias y salud mental hacen que estas asociaciones cubran el nicho de negocio que deja la desinversión pública. Remar no hace tratamientos profesionales ni reinserción: se queda con el paciente. Pero resuelve el problema a los poderes públicos recogiendo a la gente que ellos no atienden”. Para Juantxo Domínguez, presidente de REDUNE (Asociación para la prevención de la manipulación sectaria), “Remar no solamente es un grupo sectario, esclaviza y explota a las personas. Venden una apariencia, pero hay que ser decentes de verdad, no sólo parecerlo. Estos grupos crean capas y capas para acreditarse, y para ver lo que hay debajo tienes que quitarlas todas. No podemos estar los ciudadanos haciendo de Sherlock Holmes, que investiguen las instituciones. Hoy en día se mira con lupa todo, ¿cómo puede ser esto? Es escandaloso. ¿Son un Estado paralelo, no están sujetos a nuestra legalidad?”.

Mientras elaboraba el reportaje recibí una llamada. Era un “representante” de Remar España. Me hablaba en tono paternalista.

– A ver, Silvia, nos hemos enterado de que estás haciendo un informe sobre Remar.

– Sí, un reportaje.

– Apoyando a la Plataforma Rosales No Cede.

– Bueno, más bien en base a todas las informaciones que he recibido.

– ¿Y tú como periodista, te has tomado tiempo en indagar y en contrastar?

– Sí, claro.

– ¿Ah, sí? ¿Y cómo es que no has venido a algún centro de Remar a vernos con tus propios ojos?

– ¿Quién le ha dicho que yo no he estado en Remar?

– (Silencio) Verás, es que creemos que estás siendo influenciada por esa plataforma de vecinos antisistema que te están confundiendo. Estás involucrada en algo que… es distorsionado…

– ¿Me está diciendo que no sé hacer mi trabajo?

– No, no mujer, verás Silvia, quizá nosotros podamos hacerte entender… Lo que vas a hacer va a repercutir sobre nuestra labor solidaria, nuestras familias, nuestros hijos… Antes de que publiques nada, recíbeme, ves mi cara, me siento frente a ti, charlamos, te llevo documentación…

Acepté, por supuesto, que viniera y que me trajera toda la documentación que pudiera ayudarme a “discernir”. Yo ya había entrevistado a un representante de Remar, pero quedamos en vernos a los dos días. Ni se presentó ni me llamó para disculparse.

Se publicó el reportaje. La Plataforma de vecinos Rosales No Cede distribuyó ejemplares entre los partidos de oposición del Ayuntamiento, asociaciones de vecinos y le entregó en mano una revista al propio alcalde de Zaragoza, Juan Alberto Belloch, en un acto público. Me llamaron del programa Equipo de Investigación de La Sexta para abordar el tema. Sacaron un reportaje (centrado en la venta de muebles segunda mano), como había hecho también Mercedes Milá hace tiempo (en ese caso sobre con la ropa de segunda mano). Me llamaba la atención que nadie hablara de todo lo demás. Antonio Naranjo sí se hizo eco varias veces de la denuncia de la Plataforma de Zaragoza en el programa de Julia Otero en Onda Cero.

Directivos de Remar amenazaron con demandarme (la plataforma de vecinos recibió también amenazas). A los tres meses me llegó una carta del juzgado para un acto de conciliación porque, según Remar, demostré un “temerario desprecio a la verdad”. Pedían que rectificara mi información. Yo no pensaba cambiar ni una coma de mi texto. Así que no nos conciliamos. A partir de ahí, tendrían que presentar una querella formalmente pero hasta ahora no he recibido ninguna notificación. Han pasado ya más de dos años.

La plataforma de vecinos de Rosales, incombustible, logró parar la construcción del centro en el que Remar ya había invertido un millón de euros. Hoy su ejemplo es inspirador. Nos enseña que si confías, si crees que tu lucha es justa, si resistes, si no te caes ante las descalificaciones y las dificultades, ganas. Ganó la lucha vecinal. Y ganó el periodismo. El Ayuntamiento de Zaragoza se quedó el edificio para uso público, pero debía indemnizar a Remar. Increíble, sí.

Hace unos días intercambié unas palabras con Ana Gracia, trabajadora social, retomando el tema de todo lo que pasó. “Remar nos amenazó mucho tiempo. Pero nunca cambiamos las declaraciones. Zaragoza era uno de sus puntos fuertes y ahora ya no lo es. El responsable de aquí se salió de Remar con todo el jaleo que montamos”. Recuerdo el momento en el que entrevisté al responsable de Remar Aragón. Un hombre convencido de la buena labor de su ONG. Él llevaba 26 años en la organización, tenía una venda en los ojos. “Todos mis hijos han nacido aquí”, me decía. Me contó que le había dado un infarto con todo lo que estaba pasando, no daba crédito a lo que denunciaba la Plataforma Rosales No Cede.

Aprendí mucho, mucho, de la lucha de los vecinos de Rosales. De su constancia. Pese a chocar con muros, puertas cerradas, medios y periodistas que no querían escuchar ni informar, políticos que miraban para otro lado, administraciones públicas que “no saben nada” (pregunté por los vínculos al Ayuntamiento de Madrid liderado en ese momento por Ana Botella y a la Comunidad de Madrid, sin obtener respuesta) e, incluso, por qué no decirlo, silencios también dentro del sector de la cooperación y las ONGD. Porque varias ONG me confirmaban que se sabe que ‘Remar huele mal’. Pero ninguna quiso denunciarlo públicamente. Es más, una persona relacionada con la cooperación española me dijo que mi texto iba a “hacer mucho daño al sector”. Llevo muchos años escribiendo sobre cooperación, desarrollo, movimientos sociales, poniendo luz a los cambios que genera en la sociedad la buena labor de la solidaridad colectiva. ¿Y lo que hace daño al sector de la cooperación es el periodismo que visibiliza una denuncia o lo que hace daño es una falsa ONG como Remar? ¿Nos tenemos que callar los periodistas y mirar hacia otro lado? ¿Es mejor tapar esto?

La conclusión que saqué es que todo el mundo sabe qué es Remar y qué hay detrás. Las víctimas entrevistadas aseguran que vulnera leyes: “¿Dónde está el Ministerio de Interior, dónde está Hacienda, Inspección de Trabajo, Sanidad, Seguridad Social?”. Y desde la Plataforma de Afectados fueron tajantes: “Han dejado crecer un monstruo. Durante 30 años nadie hizo preguntas”.

Víctimas de Remar me escribieron indignadas porque Albert Rivera, candidato de Ciudadanos a la presidencia del Gobierno español, citó en el programa Salvados de La Sexta a Remar como ejemplo en el trabajo con los refugiados.

Luego vi unas fotos del político con miembros de la organización en Grecia. Es lo que tiene el postureo cuando los refugiados te importan muy poco y sólo quieres la foto.

Me escribió recientemente también una mujer escandalizada al ver cómo Remar se acercaba a los refugiados en Italia. Las personas en situación de vulnerabilidad son su caldo de cultivo, su nicho de negocio. Ella entró con 18 años en Remar pensando que era una ONG. Me relató, como otras personas, las mismas pesadillas vividas dentro. Logró salir hace dos años, psicológicamente destrozada. “Me llevaron a la finca que tienen en Torres de Alameda. He visto cómo obligaban a trabajar a personas extranjeras sin papeles estando enfermas. He trabajado en sus tiendas, donde se mueve mucho dinero con la venta de muebles y ropa. Grandes marcas donan ropa a Remar pensando que es una ONG”. Mantengo su anonimato porque así me lo ha pedido. Relata con mucho detalle escenas de gritos, maltrato, presión, miedo. Leo también que hace unos meses eran imputados por trata de personas un pastor de Remar en Argentina y su esposa. Los testimonios de víctimas hablan de lo mismo: sometimiento de la voluntad, maltrato, explotación. Incluso encierro de menores. Y mientras acabo este texto recibo un mail de un hombre que estuvo tres años dentro de la organización: “Me obligaban a entregar el 50% de mi pensión por incapacidad. Eso todos los meses. Imagínate la cantidad de dinero. Cuando salí y les pedí un certificado de donaciones no me lo dieron y me dijeron que les denunciara si me atrevía. Hay que sacar a la luz la cantidad de irregularidades administrativas que realiza esta gente y la cantidad de dinero que están defraudando al Estado y a los ciudadanos”.

Cada vez que veo un nuevo local de Remar (o una de sus furgonetas) me indigno. Entenderán por qué.